Invitación al foro
« Estética y política »
Imagen
recuperación
reciclaje
Bogotrash frente a la obra de Feliza Bursztyn
Viernes 12 de Febrero, auditorio del Museo Nacional, de 2 a 6 de la tarde
El siguiente texto es una consideración protocolaria, ingenua en muchos sentidos, pero destinada a invitarlos a tomar parte en este foro y a hacerlo de manera al mismo tiempo espontánea y reflexiva.
Ni estética ni política
Desde el ámbito de una serie de afortunadas confluencias afrontamos una pregunta tan rebatida como actual y necesaria. ¿ Otra vez venir a indagar por la política en la estética ? ¿ Por la estética de la política ? En suma por la relación, el respecto y acaso la repulsión entre la estética y la política ?
Y sin embargo no puede tratarse de volver a explorar simplemente, como si nada, la “función social del arte”, ni su disfuncionalidad. Pero ¿ habría entonces que despuntar sobre algún inusitado socialismo mágico-realista de otros mil años de soledad por los últimos veinte años de masacres, desde el calculo de los incalculables efectos sociales de la estética del terror que volvió a recorrer pasmosa todo el territorio nacional ?
El salvajismo psicótico del perpetuo estado de excepción no ha sin duda terminado de perseguir al fantasma del comunismo, ni del socialismo artesanal de los Gólgotas escondido entre los restos del ex-presidente y general José Maria Melo que el Estado Colombiano se niega a repatriar (El Espectador, 07/11/2009, “El Presidente no descansa en paz”). Imágenes de muertos y de vivos, desaparecidos y sobrevivientes que asedian una guerra, desordenando archivos, trastocando las historias oficiales, trasnochando estrategas e incendiando memorias.
El contexto
Si es justamente en el contexto de la exposición de Feliza Bursztyn que el Museo Nacional le abre sus puertas a Bogotrax no es en última instancia por una confluencia en torno a practicas de reciclaje, resistencia y recuperación, para la subversión de lugares tan comunes como la pista de baile, el “espacio público” o el teatro sin libreto de otra discusión sobre lo que del arte le sobra a la sociedad y a ésta le resta en creatividad y conciencia política.
Porque al fin y al cabo ¿ Qué seria de la política sin la vitalidad secreta de las formas frente al abismo del caos ?
Imposible que allí donde el Estado reclama solo orden se produzca algo diferente, en la vida y en el arte, al aburrimiento del embeleso estético, a la alienación hedonista de la juventud o a la buena conciencia de la trabajadora clase media. Necesario entonces que el discurso y la psicología del enemigo interno, de la seguridad y el terrorismo, capte y acapare lo que queda de pasiones y energías. Razón de más para volver al gasto, al “impase energético” de una juventud globalmente y día a día más criminalizada. Criminalización de la vitalidad, no de un pretendido ser-joven biológicamente determinable, que se refiere simplemente a lo que las formas más convencionales de la participación política, como muda representatividad o publicidad convenida, no logran del todo calcular ni controlar. Criminalización de la vitalidad que recientemente ha vuelto a embestir, no por casualidad, a artistas y poetas (Recordemos solamente la absurda acusación, a mediados del año pasado, al organizador del festival internacional de poesía de Medellín, Fernando Rendón, por rebelión y por supuestos vínculos con las Farc, etc).
Imagen
Sin embargo, en medio de todos estos motivos, de todas estas confluencias que deberían poder renovar en algo el diálogo y la discusión en torno a lo que tranquilamente seguimos llamando “estética” por un lado y “política” por el otro, quisiéramos insistir sobre la “imagen” como un posible hilo conductor en este foro que les proponemos.
No solo es posible determinar todo un campo de reflexión estética a través de una cierta definición de la imagen sino que esta parece ya, intrínsecamente, remitir la “estética” al campo mismo de la “política” volviendo en suma perfectamente inadecuada la distinción misma entre uno y otro campo, invitándonos a dudar sobre lo que parecía convenido como distinción fundamental y principio de análisis. En este sentido, respecto a la fiesta por ejemplo – “objeto” de preocupación de Bogotrax, como práctica de emancipación social – la cuestión de la imagen podría primero acercarnos a dos discursos críticos complementarios sobre los que la discusión pública parece hoy, de nuevo, urgente. La industria del espectáculo, el goze como un producto controlado de consumo, es una prolongación de la dominación material y simbólica de la producción y el consumo. La industria del entretenimiento puede ser analizada como un efecto de la dominación del capital. De Adorno a Debord ¿qué queda de la imagen más allá de la economía política ? No queremos con ello sugerir que la discusión tenga que limitarse a estos discursos sino simplemente la necesidad de volver a tomarlos en cuenta en una reflexión que puede resultar entonces anacrónica o hyper-actual pero que acepte de todas maneras el reto difuso de “la actualidad”.
Recuperación
Es desde ese punto de vista que nos podríamos también preguntar, por ejemplo, cuáles son los límites del discurso sobre los derechos humanos – del que nadie pretende cuestionar la legitimidad y la importancia – cuando éste requiere una visibilidad social absoluta. ¿ Es acaso capaz de suspender su recuperación a través de la imagen – de la dignidad, de la miseria o del dolor del otro – como producto y valor de cambio en sociedades en las que debería motivar la interrupción de la circulación de capitales en vista de “valores” no canjeables ? Pero relativamente a los medios alternativos – y a la alternativa en general como estrategia suplementaria contra la recuperación en el sentido sugerido –; relativamente a la apropiación por parte de los movimientos sociales de las posibilidades y los medios de difusión, la pregunta subsiste : ¿ Logran estos crear espacios más amplios de participación contrarios a la anestesia no ya simplemente del sobre-consumo de imágenes sino al peligrosísimo consumo de la realidad como imagen ?
El mismo argumento se traslada sin gran dificultad a la esfera del arte y a su casi inevitable y a veces tan ansiosamente deseada mercantilización. Pero entre una y otra cuestión, entre el arte y los movimientos sociales, cabe volver a preguntar hasta qué punto los espacios que abren los movimientos sociales, como espacios de participación, son en efecto más afines a la creatividad como práctica estético-política radical ? El limite de lo social en el arte podría provechosamente asomar tras esta pregunta aunque, hay que precisar, no como un retorno burgués y complaciente, más presente que nunca, del arte por el arte, sino más bien relanzando un sentido de la socialidad más allá de la inminencia de lo social inmediato, como supervivencia de la misma en el exilio de la individualidad absoluta. Ésta es siempre la memoria de una política por venir y de la libertad absoluta, socialmente total puesto que individualmente realizada. ¿ Se puede acaso pensar de otra manera el horizonte de la emancipación ? ¿ Y puede el arte o la política, tras todas las máscaras y a través de todos los subterfugios, dejar de pensarse en este horizonte ?
Para la propuesta de un festival alternativo la pregunta no es del todo otra. En todos los casos, del arte, de los movimientos sociales, de la fiesta y de sus mutuas y regeneradoras confluencias, se trata de volver a considerar, en el sentido de Mauss y Bataille, la noción de gasto, lo irrecuperable, y sobretodo de tener en cuenta, de cara a la posibilidad de un don sin contraparte, la sobre-determinación de la imagen como valor de cambio cuando la realidad tiende a volverse irreal .
Reciclaje
Una ultima pregunta, de cara a lo ya dicho, cabe todavía en cuanto a la relación del arte y la tecnología. Se trata de un punto de confluencia importante, tanto para la exploración del vínculo de la “estética” y la “política” como en cuanto a lo que una exposición como la de la obra de Feliza Bursztyn puede invitarnos a pensar. Pero igualmente importante para muchas de las prácticas libertarias del techno y de la música electrónica de los 90's que reivindica Bogotrax : La tecnología ¿ ha sido sólo el epítome industrial del sometimiento o nos ofrece hoy también, de cara a todas estas preguntas, un medio para su subversión ? El reciclaje de la basura post-industrial y tecnológica es sin duda un principio necesario para seguir vehiculando, a partir de la subversión de lo cotidiano convenido, la proliferación de prácticas estético-políticas para la emancipación invisible de “la comunidad por venir”.
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last up date 25-01-2010